CRISTIANOS DE SIRIA E IRAK, UNA TRAGEDIA ANUNCIADA

Reproducimos este interesante artículo de Manuel Martorell, participante en la V Jornada de Libertad Religiosa celebrada el pasado sábado en Pamplona, para ilustrar la situación de los cristianos en Oriente Medio.

Diario de Navarra, 6 de mayo de 2015

El autor lamenta la sistemática destrucción de la religión cristiana en la zona de Siria e Irak pero más por tratarse de un desastre largamente anunciado

Con motivo de esta última Semana Santa, el Papa Francisco reiteró su emotivo llamamiento para detener la persecución a los cristianos y otras minorías en Oriente Medio. No es para menos. Los últimos acontecimientos han provocado verdadera consternación: cristianos lanzados al mar en el Mediterráneo, matanza de universitarios en Kenia, nuevas ejecuciones en Libia… Pero la situación más crítica sigue siendo Siria e Irak, donde siempre ha habido una significativa presencia del cristianismo debido a que esta región fue su primera vía de expansión. En muchas comarcas y centros urbanos mayoritariamente cristianas, se puede afirmar hoy que esta religión ha desaparecido. Bagdad, Mosul, la planicie de Nínive y Alepo son los ejemplos más claros pero no los únicos.

Solo en el año transcurrido desde la ofensiva del Estado Islámico en junio de 2014, se calcula que unos 150.000 cristianos han tenido que abandonar sus hogares. La destrucción y saqueo de monasterios y antiguas bibliotecas asiriocaldeas es sistemático y nadie se atreve a dar cifras de personas asesinadas o secuestradas. El último ataque afectó en febrero a una treintena de aldeas asirias situadas en la ribera del río Khabur, al noreste de Siria. El resultado: unos 3.000 desplazados, más de 200 rehenes y 20 muertos, la mayor parte por presentar resistencia a los yihadistas.

Debido a estos hechos, están surgiendo numerosas iniciativas en distintos foros internacionales en favor de los cristianos perseguidos, entre ellas la organizada en Pamplona por Ayuda a la Iglesia Necesitada. Sería, en este sentido, un grave error pensar que nos encontramos ante un problema exclusivamente cristiano y, mucho menos, ante una guerra de religiones entre cristianismo e islam, como defienden los grupos yihadistas y como, lamentablemente, cree una parte de la opinión pública. Aquí, de nuevo, la fuerza de los hechos es aplastante. Pese al valioso patrimonio asirio destruido, la inmensa mayoría de los lugares o símbolos religiosos arrasados pertenecen a corrientes musulmanas consideradas heréticas por el sunismo ortodoxo: alawíes, chiíes, sufíes, shabacks, kakais, naqsbandis… El precio pagado por otras religiones no musulmanas, en concreto por los yezidis, aún es más pavoroso: además del genocidio en Sinyar, unos 5.000 desaparecidos, la mayor parte mujeres vendidas en los mercados como esclavas sexuales.

No debemos olvidar tampoco que la práctica totalidad de las 2.500 personas ejecutadas este año eran musulmanas, igual que los más de 2.000 jóvenes kurdos que, según datos oficiales, han muerto luchando en primera línea contra los yihadistas. Pese a ello, mucha gente sigue pensando que nos encontramos ante una guerra entre Occidente y el islam motivada, en última instancia, por nuestros ataques a esa religión, cuando lo que está ocurriendo es exactamente lo contrario: son los musulmanes locales quienes están muriendo en combate contra un Estado Islámico que, integrado en buena parte por voluntarios extranjeros, intenta destruir un modelo de sociedad que siempre ha coexistido con otras religiones. Lo que está amenazado no es una u otra religión, sino toda una forma de vida en cuya defensa cristianos, musulmanes y yezidis están dispuestos a ofrecer la suya.

Pero aun más grave sería pensar que esta situación es nueva. Es cierto que el fenómeno del  estado Islámico ha acelerado e intensificado la limpieza étnico-religiosa en Oriente Medio, pero la realidad es que nos encontramos en el punto culminante de un progresivo deterioro que ha durado casi dos décadas. Basta con echar una ojeada a las hemerotecas. Los secuestros, asesinatos e iglesias destruidas a bombazos en Bagdad es solo una pequeña muestra.

Precisamente por todo ello y hace exactamente diez años, en el 2004, el periodista Fernando Pérez Barber recorrió los puntos más calientes de Turquía, Siria, Irak e Irán, para realizar un documental en el que también participé como asesor y guionista. Se titulaba “Asirios. Los últimos cristianos de Oriente Medio”. Anunciaba todo lo que ahora está ocurriendo y terminaba preguntando a quien quisiera oír si no estábamos asistiendo al fin del cristianismo en esta parte del mundo. Entonces, nadie respondió a lo que ahora es un clamor ante hechos ya consumados, como con vehemencia ha denunciado el Papa Francisco. Hubo ong religiosas que, al presentarles el proyecto, dieron por socorrida contestación que “no trabajaban en esa zona”. Ninguna televisión quiso comprar el reportaje, finalmente malvendido al canal Tele Madrid; pero lo peor de todo es que esta producción videográfica, pese a su indudable interés, digna realización y ser de neta producción navarra, ni siquiera fue admitido en el certamen Punto de Vista, subvencionado con el dinero de todos para valorar y premiar documentales de interés público.

Manuel Martorell es periodista especializado en asuntos de Oriente Medio

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