UNA MONJA BLANCA LANZA EL COHETE DE LEZKAIRU

Las hermanas Asunción Joaquina De Miguel, Pilar Arregui, Raquel Borrajo, Pilar León, Carmen Poblador, Ana María Urrutia y Primi del Amor posan en el Soto de Lezkairu junto a Ruben Cruz, Maite Vaquero y miembros de otros colectivos vecinales. (oskar montero)

Las Franciscanas Misioneras de María recibieron un homenaje a sus 116 años de presencia en el barrio. La chispa por ‘el Pilar’ la puso la hermana Asunción, de 91 años

“El convento que se inauguró en 1902 tuvo hasta 700 misioneras repartidas por todo el mundo ”

Ana Ibarra | Oskar Montero – Sábado, 13 de Octubre de 2018

Pamplona – Lezkairu no olvida sus raíces. Ya son más de 3.700 los vecinos que dan vida a la nueva urbanización, muchos de ellos recién llegados, pero a su vez el embrión de este barrio tiene una rica historia que los colectivos populares no quieren perder. Como ellos mismos dicen, la Asociación Cultural y la Comisión de Fiestas de Lezkairu aúnan esfuerzos para continuar haciendo barrio, “creando cultura, vida y bienestar en este renovado Lezkairu”. De ahí el emotivo homenaje que rindieron ayer a las hermanas Franciscanas Misioneras de María, más conocidas en el barrio como Las Monjas Blancas, encargadas de prender la mecha festiva desde el corazón del barrio -el Soto de Lezkairu- en reconocimiento a “más de media vida viviendo, velando y participando en el barrio”. Como reconocía ayer desde la comisión de Fiestas Maite Vaquero, nacida en la parte vieja aunque mudada a la nueva, las Franciscanas han sido “un referente para el barrio”.

Con especial agradecimiento a este gesto, minutos antes del cohete la superiora Pilar Arregui narró los orígenes del edificio: “Cuando nuestra fundadora María de la Pasión inauguró en 1902 este convento tenía muchos sueños y algunos se cumplieron con creces. Pensó en un noviciado para enviar misioneras por todo el mundo. Y de aquí, del Soto Lezkairu, han salido cientos de misioneras. En un momento fueron 700 repartidas por los cinco continentes las que, además de predicar el Evangelio, llevaban el nombre del Soto de Lezkairu en el corazón y en sus labios”, relató. “A lo largo de estos 116 años se han llevado a cabo diversas actividades: noviciado, talleres de bordado, granja, guardería, colegio, internado… y hasta se sacaba aquí el carnet de conducir”.

Quizá lo que no pensó la fundadora es que este espacio terminaría convirtiéndose en “un gran barrio, y que cuando tenemos más necesidad de ayuda que capacidad de ayudar íbamos a tirar el cohete de las fiestas en honor a la Virgen del Pilar, lo que a nosotras nos hace mucha ilusión”. “Nuestra casa desde su fundación está dedicada a la Virgen del Pilar y todo esto era simplemente un Soto a donde venían de Pamplona a pasar la tarde y merendar en la fuente de la Teja”, apostilló. Las Blancas pidieron también a la Virgen que “nos ayude a seguir creciendo en convivencia, en paz, en solidaridad y auténtica colaboración ciudadana”, además de apoyar el trabajo que realiza la asociación de vecinos y la asociación cultural.

Tampoco a la hermana María Asunción Joaquina De Miguel Carrica, de 91 años de edad, le faltó aplomo ni energía a la hora de vitorear un “Viva la Virgen del Pilar y las fiestas de Lezkairu!”. Ella es una de las 62 hermanas de esa congregación de madres misioneras con 116 años de arraigo en Lezkairu. Un convento reconvertido ahora en residencia para acoger a hermanas de todo el país con una media de 86 años, muchas dependientes.

María Asunción, natural de Ustarroz, trabajó durante 40 años en la Patagonia argentina, una etapa que recuerda con mucho cariño por su trabajo en favor de la juventud en barrios de gente necesitada. “Nosotras hemos hecho de todo. Yo digo que lo mismo planchábamos un huevo que freíamos una camisa… Nuestra obra social en el centro comunitario fue crucial para la promoción de la mujer y para dar oportunidades de alfabetización a jóvenes en zonas de extrema pobreza”, señala y recuerda emocionada que no hace tanto un grupo de aquellos que fueron en su día jóvenes argentinos en sus manos fueron a visitarla en su viaje por España. “Han tenido una trayectoria profesional importante pero todavía me acuerdo de cómo venían a tomar leche que servíamos en jarras mientras recibían la catequesis…”, relata quien ejerció sobre todo de enfermera. Admite que el desarrollo de Lezkairu no quita para reconocer que “lo antiguo es el corazón de todo”.

También Rubén Cruz, de la asociación cultural, valoró ayer la importancia de recuperar las fiestas de siempre después de siete años de parón. La Asociación de Síndrome de Down de Navarra, vecina del barrio, participará con la actuación de danzas regionales y txalaparta.

Fuente: Noticias de Navarra

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