ADORANDO AL ESTADO: CÓMO EL LIBERALISMO SE VOLVIÓ NUESTRA RELIGIÓN

Benjamin Wiker explica la historia del secularismo, la influencia de las ideas de Maquiavelo, Hobbes, Spinoza y Rousseau

Autor: George J. Marlin
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El principal objetivo de los secularistas en los tiempos modernos ha sido el de “liberarnos” de la influencia (del peso, según dicen) del Cristianismo. La manera como ellos comenzaron a destruir esa influencia sobre el curso de los asuntos humanos está hábilmente descrita en el nuevo libro del Dr. Benjamin Wiker, “Worshipping the State: how liberalism became our state religion” (“Adorando al Estado: cómo el liberalismo se volvió nuestra religión estatal”).

Wiker, que enseñó en la Universidad Franciscana y en la Facultad Tomás de Aquino, afirma que la raison d’être de los filósofos seculares ha sido reducir el Cristianismo en la cultura occidental y subordinar a la Iglesia al Estado, o establecer una religión civil rival, que volviera a la Iglesia irrelevante – o impotente.

Según cuenta Wiker, fue Maquiavelo (1469-1527) quien “inventó la absoluta separación entre la Iglesia y el Estado, que es la marca del liberalismo”. Su esperanza era negar a la Iglesia cualquier poder moral y subordinarla al soberano secular.

Maquiavelo insistió en que, para que un príncipe sobreviva, debe “aprender a ser capaz de no se bueno”; por eso, debe estar libre de las restricciones morales que la Iglesia impone, igual que un jefe de Estado.

Maquiavelo indica, sin embargo, que el príncipe cruel debe aparentar ser piadoso y, si es necesario, usar a la Iglesia para controlar a las masas ignorantes. Veintitrés años después de su muerte, las nociones de Maquiavelo sobre la relación entre el Estado e Iglesia fueron utilizadas en la Paz de Augsburgo (1555). Los monarcas europeos concordaron en un compromiso conocido como cuius regio, eius religio, “cuyo reino, su religión”.

El filósofo inglés Thomas Hobbes (1588-1679), autor de “Leviatán”, elaboró sus ideas a partir de la filosofía política de Maquiavelo, para minar la influencia “sediciosa” de la religión. Para Wiker, Hobbes “llegó a la conclusión de que el problema político era la existencia de cualquier noción de religión independiente del poder político. El propio Cristianismo tuvo que ser reformado de forma maquiavélica para que apoyase al Estado, en vez de desafiarlo continuamente”.

Hobbes, el primer proponente del Estado totalitario, rechazó la doctrina de la Iglesia sobre el pecado, insistiendo: “No hubo pecado, y no hay correcto y equivocado, mientras el soberano no lo declare así”. Los derechos naturales no vienen de Dios, sino del Estado. Si hubiera Iglesia, sería controlada por el Estado.

Wiker afirma persuasivamente que los liberales modernos adoptaron la noción de Hobbes sobre el relativismo moral, y sobre una fundación materialista enteramente secular para la política. ¿La diferencia? En vez de que el rey soberano determine lo que es correcto y equivocado, el individuo podría definir sus propios valores.

El siguiente filósofo que defendió el Estado secular fue Spinoza (1632-1677). Los líderes de la fe judaica excomulgaron a Spinoza, principalmente porque él era panteísta, que “hizo un dios de este mundo y, por lo tanto, perjudicó completamente toda la comprensión judeo-cristiana que brota del Creador”.

En la visión de Spinoza, el Estado secular es “la mejor manifestación del divino”. Una Iglesia patrocinada por el Estado estaría disponible sólo para promover la agenda del Estado para los “plebeyos”, el pueblo mudo común.

Tal Iglesia estaría libre de dogmas y su creencia central quedaría reducida a “amar al prójimo” – en otras palabras, ser agradable. El concepto de amor de Spinoza, escribe Wiker, “significaba que cada uno debería cuidar de sus cosas y no incomodar a los otros, sólo tratarlos bien – en una palabra, tolerancia. Spinoza consagró la tolerancia doctrinaria como virtud suprema en la iglesia liberal secular”.

Mientras Maquiavelo, Hobbes y Spinoza incentivaron al soberano a usar a la Iglesia para alcanzar sus objetivos seculares, fue Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) quien pensaba “que el Cristianismo es totalmente incompatible con el nuevo orden secular, y debe ser sustituido por una religión enteramente nueva, completamente definida por el proyecto político secular”.

Para Rousseau, no existe un “Cuerpo de Cristo”, sino sólo un “cuerpo político”. Él incentivaba una religión civil paga, que exigiría la completa devoción de sus ciudadanos.

La base de su religión igualitaria radical es la tolerancia. La sexualidad es liberada de las restricciones de la Iglesia, el matrimonio no es sancionado por Dios, sino definido por el Estado en un contrato civil. De acuerdo con Rousseau, “los que se atreven a decir que no hay salvación fuera de la Iglesia deberían ser expulsados del Estado, a menos que éste sea la Iglesia, y el príncipe sea el pontífice”.

Wiker concluyó que estos cuatro filósofos lanzaron las bases para la revolución secular liberal en Estados Unidos.
Su influencia conjunta redujo la moralidad al hedonismo. Los derechos fueron redefinidos como deseos. El mal sería el resultado de un ambiente ruin, no de elecciones equivocadas.

El autor del libro justamente afirma que “el liberalismo secular tiene creencias morales definitivas, muy diferentes de la moralidad cristiana, que los liberales están intentando imponer por la fuerza gubernamental: anticoncepción, aborto, infanticidio, libertinaje sexual, divorcio, redefinición continua del matrimonio, eutanasia, y así sucesivamente”.

La tentativa del gobierno de Obama de obligar a la Iglesia a proveer de cobertura de seguro para la anticoncepción y el aborto es sólo el más reciente ejemplo del Estado intentando imponer su puntos de vista en nombre de la “tolerancia”.

Wiker prueba que, de hecho, las ideas tienen consecuencias. En el Estado secular, la libertad no significa escoger lo que es correcto o justo; significa realizar lo que nos hace sentir bien. El acto de elegir es todo lo que importa. La elección en sí misma se vuelve el valor final. Sin verdades absolutas para medir las acciones, la voluntad se vuelve obstinada. Lo que sería una acción irracional según la enseñanza judeo-cristiana ya fue elevada a la categoría de principio necesario.

(Artículo originalmente publicado en “The Catholic Thing” y reproducido con autorización)

Fuente: www.aleteia.org

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