UN ROMANCE DE SANTA ÁGUEDA

Un romance de Santa Agueda

José María Iribarren en su colección de tradiciones religioso-populares de Navarra que titula De Pascuas a Ramos expone los que llama «ritos de Santa Agueda». Era la santa, abogada contra el mal de pechos, sin dude, como indica Iribarren, por la clase de tormento a que fué sometida. Así se expresa en un cantar evidentemente popular en Navarra:

Gloriosisma Santa Agueda
de las santas sin rival,
que le cuertaron los pechos
igual que se cuerta un pan.

Pues bien: en relación con este cantar, que yo desconocía, conservaba entre mis apuntes la versión de un breve romance religioso de Santa Agueda, procedente de Aragón, harto más interesante que tal cantar, paro en el que se conservan las enérgicas expresiones de los dos últimos versos, que no podían menos de impresionar la imaginación popular: Hele aquí, según versión que debo al ilustre crítico de arte José Camón Aznar:

Agueda que no quisiste
a los dioses adorar;
en prueba de tu constancia
las tetas te han de cortar;
y le respondió la santa
con afeuto singular;
—que cuerten por donde quieran,
que cuerten si han de cuertar—.
Y le cuertaron las tetas
como aquel que cuerta pan.

Creo que el cantar copiado por Iribarren es abreviación de este romance, del que acaso puedan encontrarse versiones más extensas y correctas. Y pienso asimismo en su origen aragonés, ya que en Aragón se recuerda mucho más circunstanciadamente que en el ejemplo transcrito de Navarra.

El rito más frecuente en esta región parece ser la vela y repique de campanas la noche de la fiesta de la Santa, costumbre cue en 1510 don Martín de Andosilla en su libro De superstitionibus consideraba incursa en tal campo. Pero añade Iribarren que en muchos pueblos de Navarra salían en este día las muchachas a pedir, «entonando canciones». Acaso este romancillo se cantara en esta ocasión, y valdría la pena de recoger tales canciones, si aún se cantan, y comprobarlo. Quizá se completara el romance que por su enérgica expresión, por el dramatismo rudo de su tema y por la sobriedad de su áspera violencia me parece de subidísimo interés.

JOSE M° DE COSSIO

Fuente: Revista Príncipe de Viana, nº 24, pág. 563

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