LA FAMILIA DE JOSÉ ANTONIO MARINA

Por Mariano Bailly-Baillière.

No espere el lector de este artículo una intromisión en la esfera privada del profesor. Ni siquiera una crítica de su pensamiento o sus escritos. Se trata de una mero aviso a los navegantes que recalan en un medio católico sobre la concepción de la educación y el papel que en ella juega la familia derivada de los escritos y declaraciones del prolífico escritor.

Y es que, no contento con elaborar manuales que eduquen a nuestros hijos como explica en uno de sus libros titulado “Educación para la ciudadanía”, Marina se ha propuesto ahora educar a los padres mediante su denominada ‘Universidad de padres’, un título que quizá resulte un poco holgado, por el momento, a su proyecto. Esta consiste «en un proyecto pedagógico donde se colabora con los padres durante todo el proceso educativo de sus hijos. La idea fundamental es que toda la sociedad debe ayudar en esta tarea».

1. El papel de la familia en la educación de sus hijos

Marina basa su proyecto pedagógico en el principio indígena «para educar a un niño, hace falta la tribu entera». Pretende así justificar la implicación de todo el entorno en el proceso de enseñanza-aprendizaje del niño. El problema es que Marina no establece una prelación de responsabilidades, derechos y deberes en su concepción tribal de la educación. Es más: su apuesta por la tribu como responsable de la educación deriva lógicamente en una concesión al Estado de la máxima responsabilidad educativa por encima de la responsabilidad y derechos/deberes de los padres. La familia también educa, pero es sólo uno de factores educativos que la tribu-sociedad-Estado debe controlar a fin de que no contrarreste los principios que guían la instrucción pública dominante.

Sus afirmaciones ponen de manifiesto su apuesta por un Estado educador como garante ante una familia puesta bajo sospecha:«La educación pública tiene la responsabilidad de formar la conciencia ciudadana», comentó al periódico “El Mundo” en diciembre de 2008. «Lo más grave» del debate [sobre Educación para la Ciudadanía] es que los críticos «se hayan centrado en que la Constitución dice que no se puede formar la conciencia de los alumnos en la escuela. Eso es un disparate», afirmó en marzo de 2099 en “El Comercio Digital”.

«Las familias, en muchos casos, son las más eficaces transmisoras de prejuicios religiosos, políticos, raciales, etc.», añadió en “La Idea de la Mancha”, una publicación de la Conserjería de Educaciónde Castilla La-Mancha.

«También a los terroristas suicidas islámicos, a los etarras y a los del Ku-Klux-Klan los ha educado su familia. La escuela tiene que formar ética y moralmente a los alumnos. ¡No me voy a fiar de la educación moral que les den sus padres!», explicó en una conferencia en el Instituto Maestro Juan de Ávila de Ciudad el pasado marzo de 2008.

2. Los principios educativos de J. Antonio Marina

Si el papel educativo de la familia es, según Marina, subsidiario cuando no perjudicial, los principios educativos que pretende transmitir son de difícil aceptación para quienes tienen una concepción cristiana de la vida.

Relativismo: «Debemos señalar un marco ético de valores universales donde todas las religiones se encuentren cómodas, mientras no entren en contradicción con los derechos humanos. Necesitamos una ética universal», argumentó en la revista “Tiempo” en junio de 2007. «En algunos críticos de la EpC me parece detectar un peligroso escepticismo acerca de la posibilidad de enseñar una ética universal. Es una creencia muy extendida, basada en el monopolio moral que han ejercido siempre las religiones, y que a estas alturas no se puede aceptar».

Positivismo: «Todas las religiones se fundan en una experiencia individual –que puede ser, por supuesto, tenida por millones de personas–, pero su veracidad llega hasta donde llega su posibilidad de verificación. Esto no significa que sean falsas. Yo no puede negar que quien dice que siente la experiencia del Espíritu sea un alucinado. Ninguna religión puede ir más allá de su ámbito de verificación: la conciencia privada. Allí pueden ser verdaderas, y como reconocimiento a esa posibilidad afirmamos el derecho a la libertad de conciencia. Aunque al creyente la parezcan “verdades absolutas”, están afectadas por ese factor de privacidad que es imposible saltar. Lo resumiré en una fórmula: Verdad religiosa = creencia privada», comentó en una conferencia de inauguración del Congreso Asociación de Teólogos Juan XXIII, en septiembre de 2008 titulada “Laicidad y religión”.

Laicismo: «El último puente entre el círculo sagrado y el profano, es la razón. Pero siglos de apologética han demostrado la imposibilidad del esfuerzo. Esto es lo que deja las religiones confesionales fuera del terreno abierto por la laicidad en la escuela» .«Las morales deben quedar fuera de la escuela, fuera del espacio abierto por la laicidad, pero, por el contrario, la ética, que pertenece al reino de la racionalidad, debe estar presente en la escuela», añadió en la citada conferencia.

Otros principios que sostiene Marina son igualmente inaceptables para una concepción cristiana de la educación, pero pienso que estas citas ilustran suficientemente el planteamiento ilustrado del filósofo. Sirva, no obstante, su iniciativa, para alentar a los padres a recibir formación para desempeñar con garantías su responsabilidad educativa. Pero sabiendo discernir la autoridad moral del márketing sin escrúpulos.

www.religionenlibertad.com

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